Una arquitectura serena y sorprendente

La construcción del Museo Dinastía Vivanco, en Briones (La Rioja), constituye la más importante realización cultural relacionada con el mundo vitivinícola de la D.O. Rioja.

 

Su tamaño y su singular arquitectura no ignora el campo riojano en el que se asienta: su amplio repertorio de amarillos y verdes se ha trasladado a los muros de hormigón y las cubiertas de cobre oxidado. Un proyecto en el que se han empleado las más avanzadas tecnologías y que, a la vez, hace guiños de complicidad a la arquitectura tradicional de bodegas.

 

El exterior es una sucesión de regalos visuales: la panorámica del gran viñedo y la colección ampelográfica, la singular visión del Castillo de San Vicente de la Sonsierra, la gran escultura de la mano del agricultor…

 

El acceso al edificio nos absorbe con naturalidad en un juego arquitectónico que provoca que el visitante se sienta envuelto e inconscientemente acogido. El hall, corazón del edificio, enlaza todos los espacios y distribuye recorridos; desde allí se inicia la visita hacia las diferentes salas. La primera nos hace recordar los espacios basilicales con una imponente nave central y la sucesión de 11 capillas laterales. El hormigón visto y el pavimento coloreados de azul, la techumbre de madera en contraste con su controlada iluminación, adquieren cualidades que dotan a este espacio de fuerte personalidad.

 

Tras su recorrido, directamente, descendemos por la rampa que nos conduce a una sucesión de salas, cada una de ellas con específico tratamiento arquitectónico. El recorrido lo hacemos por espacios intercomunicados y relacionados visualmente, que permiten la orientación del visitante y a contemplación desde distintas perspectivas de un mismo objeto. Finalmente, la sala de degustación se abre de nuevo a la luz y al paisaje del viñedo y la bodega.

 

El restaurante, con dos niveles y de planta circular, nos vuelve a ofrecer toda la perspectiva paisajística de su excepcional entorno a través de bellísimas imágenes "de postal": el recinto medieval de Briones, la fortaleza de Labastida, el Castillo de Davalillo, el río Ebro…

 

Los talleres de restauración, el centro de documentación, la sala de catas docente y sala de conferencias, junto a los casi 5000 m² de exposición dotan al recinto de unas capacidades excepcionales.

 

Soterrada, la sala hipóstila, de 5250 m², es uno de los puntos de singular interés en el recorrido del museo al proporcionar  al visitante una vista panorámica de una sala de crianza. Allí se combinan las necesidades operativas de una gran bodega, el equilibrio ambiental sostenible y la belleza plástica. Su geometría estructural, la levedad de su techo construido a base de láminas concéntricas de hormigón visto y acentuada luz indirecta que nace de ellas, y la sensación de que las barricas flotan en la infinitud de un espacio que no tiene límites, ofrece una visión verdaderamente emotiva.

 

Se ha pretendido crear un lugar que ofrezca una visión agradable, serena y sorprendente, en el que la arquitectura genere espacios que enriquezcan la visita, en un recorrido sensorial, relajado, dentro de un marco de alta calidad y en armonía con la calidad de nuestros vinos.

 

Arq. Jesús Marino Pascual